Sunday, April 15, 2007

LA FLOR DE LA CANELA


Vamos, vamos chilenos
que esta noche
tenemos que ganar


¡Esto comieeeeeenza señores!

Me estoy preparando con todo para ver el partido de esta noche en mi departamento. Ayer me llamó la Cloty para invitarme a pasar el fin de semana en Reñaca pero rehusé su invitación. No es que quiera evitarla, lo que sucede es que, por ahora, me interesa más el partido. Hoy almorcé con mis amigos del “Rue” y están preparando un gran evento. Como lo más probables es que gane Chile, después del partido me iré a celebrarlo al bar del Paco; si no es así, me acuesto y mañana temprano me voy en bicicleta al San Cristóbal. Los partidos me gusta vivirlos como si estuviera en el estadio, como si fuera un hincha más, cantar, gritar, saltar, insultar al árbitro cuando intenta saquearnos, celebrar los goles con la multitud, pero frente a mi televisor y en mi sofá.

En la tarde dormí la siesta y ahora estoy en el supermercado. Compré cervezas, pan, jamón, queso, aceitunas, papas fritas y limones para el pisco sour, ya que no sólo de fútbol vive el hombre. Tengo una llamada, veamos quién es, ah! es la Cloty, ¿que quiere ahora? “Flaco tengo un problema y necesito tu ayuda: la Fanny, mi nueva nana, regresa hoy a Santiago y no tiene llaves. Cuando me acordé, ya tenía planes y me dio lata deshacerlos, de modo que no tengo otra alternativa que pedirte que la dejes en tu departamento hasta el lunes, y agrega, maliciosamente, después vemos como te retribuyo este favor”. Por un momento fue un balde de agua fría, pero mi agilidad mental me permitió resolver el problema antes que terminara nuestra conversación, sin traslucirla, puesto que me conviene que la Cloty esté en deuda conmigo: acepté, sin protestar. Parece que la Cloty se olvidó que tengo llaves de su departamento. En cuanto llegue la tal Sonia, la instalo en el departamento de la Cloty y ¡listo!.

El conserje detiene el ascensor, para permitirme subir: Dentro hay tres gordas del sexto piso, intento evitar subir con las veteranas, pero todos insisten en que quepo, como si ese fuera mi problema. En eso llega una quinta pasajera, las viejas dicen que no caben más pasajeros, yo opino exactamente lo contrario, el conserje se mantiene neutral, es obvio que orefiere que la quinta pasajera quede abajo. Empujo a las tres señoras y consigo el espacio para que suba. Ella queda de espaldas a la puerta y yo estoy feliz. Luego se da vuelta y queda frente a la puerta y yo sigo feliz y las viejas siguen protestando. La joven y yo bajamos en el quinto piso y ¡oh sorpresa, ambos vamos a mi departamento!. ¿Usted es don flaco, verdad? ¿No me digas que tu eres la Nancy, pienso o tal vez digo. “Yo soy Fanny, supongo que me esperaba, ¿verdad?”. Estoy helado, es hermosísima, una morenaza. ¡Que lástima que tenga que deshacerme de ella, ahora mismo!

Ponte cómoda le digo, mientras busco las llaves del departamento de la Cloty. No están colgadas en la cocina, no están en la cómoda, ni en el velador. No la encuentro en los bolsillos de la parca, ni en los de la chaqueta, en mi llavero no están. Las busco debajo de la cama, en el techo, nada. No se que hacer, estoy nervioso, desesperado, hablo tartamudeando, choco con las sillas, boto objetos. La Sonia debe creer que estoy completamente loco, la hora avanza y no tengo un “plan B” ni “plan Z”. No tengo otra cosa que hacer que apechugar con la Sonia o como se llame, “apechugar, pienso. “¿Y mi partido? ¿Y mis cábalas?. En estos casos lo mejor es la sinceridad. De pronto advierto, que la chica habla con un sonsonete caribeño. ¿Eres cubana, colombiana, algo así, verdad?. Soy peruana, contesta. Su sonrisa me deja turulato. Para colmo es peruana, tendré que ver el partido con una enemiga, en mi propio departamento.

Escúchame Fanny. Me estoy preparando para ver este partido desde hace una semana. Tengo mis cábalas, en cuanto empiece “24 horas amarillas” me quitaré la polera y me pondré mi “roja”, antes nos prepararemos unos canapecitos y un pisco sour. En el entretiempo nos prepararemos unos panes con jamón y queso y tomaremos cerveza. Si gana Chile, tengo que ir a celebrarlo al bar de un amigo. Si empatanos o perdemos, entonces yo dormiré en mi cama y tu en el sofá. Está claro, fui lo suficientemente sincero? Entiendo don flaco, mis reglas son más simples. Veo que la situación es embarazosa para los dos y, en todo caso, ya son las 9:30”.

El tiempo se va volando, mientras termino mis preparativos, escucho desde la cocina ¡esto comienza, señores!, me pierdo la “ejecución de los himnos” y el pitazo inicial, no conozco la alineación de los equipos y no me acuerdo quién es el árbitro y los guardalíneas; no se cuantos hinchas hay en el estadio Nacional, ni si hicieron la ola, ni el “bordereau”! A mi lado, la Nury tiene cara de aburrida, se sacó la chaleca y quedó con una blusa escotada, tiene las piernas cruzadas y son estupendas, a veces hace algún comentario con una vocecilla encantadora, No me puedo concentrar en el partido. Al rato se levanta y se recuesta en la cama y se hace la dormida. Voy a la cocina a buscar mi trago y de vuelta me quedo parado en la puerta mirándola, no se que hacer. Fanny abre sus dos ojitos y me mira sonriendo. Mis planes eran otros, pero tengo que ser práctico, optar, y me voy a “mi” cama y … ¡apechugo!. Los invito a imaginar lo demás. Estaba en eso, apechugando, más bién terminando de apechugar, cuando Carcuro, emocionado hasta las lágrimas grita el gol chileno, es el último segundo, termina el primer tiempo ¡y se van a comerciales! ¡Pero quién hizo el gol chileno!, grito desesperado. “Usted don Flaco, usted hizo el gol de Chile. Pero no se confíe, eso es sólo el primer tiempo, en una de esas le hago el gol del empate”

Desperté en la mañana acostado en el sofá, mi cama está completamente desordenada; me duele la cabeza, parece que he tenido una pesadilla… dudo de mi estado mental… De pronto siento la ducha del baño y una voz angelical que canta suave y dulcemente: “Déjame que te cuente limeño/ déjame que te diga la gloria/del ensueño que evoca la memoria/del viejo puente del rio y la memoria”…

Amigos mios: no estoy loco ni estaba soñando. Pasé la noche con, ¿Cómo les dije que se llama la nana de la Cloty?... !La flor de la canela!”, eso es, ahora nunca olvidaré su nombre.

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